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El pop español encuentra en las letras costumbristas un nuevo brío

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Óscar dejó Barcelona y se marchó a Londres a aprender inglés. El viaje -lo admite sin rubor- iba a servir para entender, al fin, las letras de bandas como Magnetic Fields, Pulp o Flaming Lips. Una tarde, mientras trabajaba en una cafetería, entraron a robar en su casa, en Hackney, y se llevaron sus 200 discos preferidos. Tuvo que a empezar de cero. Nuevos grupos, otros ritmos y los mitos sólo en el inconsciente. Resultado: llegó a España, empezó a cantar en castellano con Facto Delafé (ahora Delafé y las Flores Azules) y encima, él, indie redomado, se puso a rapear. La historia del nuevo pop español, una hornada de grupos de formato reducido, sonido lo-fi y cuidadísimas letras, se parece bastante a la de Óscar.

A la chaqueta le sobraba talla, los pantalones eran cortos y las hombreras, demasiado abultadas. Así, más o menos, andaba la escena indie que explotó durante los años noventa y que reprodujo, con diferentes dosis de acierto, un modelo de rock anglosajón en el que se pensaba en la música antes que en la letra. Hoy todo ha cambiado. Grupos como The New Raemon, Joan Colomo, Fran Nixon, Standstill, Nueva Vulcano, Nacho Umbert o Linda Mirada cantan al microondas que ha dejado de calentar o a la casa de fin de semana en la Costa Brava. Hablan de las cosas que pasan y les da igual si lo que cuentan rima. Y al principio, honestamente, suena raro. Superada la barrera del pudor, suena de verdad.

"Lo que escuchábamos en la radio son 70% clichés y tópicos. Ahora explicamos las cosas como pensamos nosotros, y no como quieren que pensemos otros. No vendemos un concepto, hablamos de lo que nos pasa. Se han perdido los complejos", explica Ramón Rodríguez, de The New Raemon.



Unos son nuevos y otros se han reciclado. El sello Bcore, cuna del hardcore catalán, es un ejemplo de conversión inteligente. De una transición del ruido guitarrero y los gritos adolescentes a un modelo primo segundo del cantautor español liberado de complejos. "Tiene que ver con la madurez. Querer reivindicar algo menos copiado. Sigue siendo indie, pero diferente. Y, además, ha aumentado muchísimo la conexión con el público", reflexiona Jordi Llansamà, fundador del sello.

La música se ha empapado de ironía, porque la letra, en muchos casos, se hace antes y configura el ritmo y la melodía. El paradigma de ese cambio quizá lo represente con meridiana claridad Standstill, antiguo grupo de hardcore liderado por Enric Montefusco y hoy banda de culto del nuevo panorama.

Un caso atípico en todo este fenómeno es el de Nacho Umbert. Tras formar parte de los Paperhouse hace 15 años, desapareció de la escena musical. "Me marché a hacer otra cosa". Ahora ha vuelto con un disco brillante que ha aterrizado de golpe en la nueva escena. "Quería cantar como hablo, usar el lenguaje que utilizo cada día. No me gusta nada intentar ser intelectual o parecer cosas que no soy, quería que fuera simple y de verdad. Salga lo que salga". Y lo que sale, por ejemplo, es que a media canción se pasa al catalán, tal y como hace cuando está con sus amigos.

Pero ¿quién empezó con todo esto? No está claro. Para Linda Mirada, "fue la Costa Brava". Para Óscar (Delafé), fueron Los Planetas con su disco Super 8; para Helena (Las Flores Azules), fue Sr. Chinarro. Da igual. El caso es que ellos han afianzado el suelo y son ya referentes de los que empiezan. Además, el producto es ideal para la época: cuesta poco, suena bien, se puede hacer en casa y en Internet hay un público deseando chatear con el artista.

Fuente: El País

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